La Corte de los Colmillos (Parte 1)

“El efecto psicológico que produce una máscara, el anonimato o algún disfraz, podría ser similar al efecto que cause el verse y sentirse malo.”

El martes pasado amaneció tibio y calmado. Sentado frente al computador apagado repasaba mentalmente el quehacer del día, cuando de pronto, la voz destemplada de mi asistenta me sacó de mi abstracción: “Acaba de llegar un señor preguntando por Ud. y dice que es urgente verlo”.

Resaltaba en él su cabello engominado, su rostro bronceado, sus ojos verde-violetas, un pañuelo blanco finamente doblado sobresaliendo de su bolsillo, sus lustrosos zapatos nuevos y un elegante modo de caminar de pisadas seguras, con una mirada apacible y enérgica. Esa fue la primera impresión que me dio la visita de Max.
René Magritte - Le fils de l'homme

En la sala de espera, mientras sonaba “Tinta Roja”, este señor con aire de caballero madrugador empezó su relato.

“Antes de empezar permítame, doctor, presentarme. Me llamo Maximiliano Schoderike. Lamento haber irrumpido a su consulta sin aviso previo, pero me urge verlo para saber si usted podrá ayudarme con mi problema.”

- Cuénteme por favor. - le respondí.

“Debe Ud. saber que soy abogado, consultor y asesor. Tengo un pequeño estudio con nueve abogados y cinco asistentes que trabajan diariamente en mis casos. Tengo un sólo cliente, nada más. Por tiempo, lealtad y por la capacidad en mi estudio, no nos comprometemos con más clientes, y este único es una persona muy importante, de quien no puedo darle detalles. Desde hace muchos años, quince aproximadamente, me dedico sólo a él, y ahora soy un hombre rico.
Mi problema es muy parecido al que padeció Georges Eastman, el de Kodak. ¿Conoce usted su historia?”

-Pues… la verdad, no...

“Georges Eastman fue el creador de las películas fotográficas. Construyó una gran industria de rollos de película y de cámaras fotográficas llamada Kodak. Hizo con su negocio una enorme  fortuna, pero resulta que él nunca podía salir en las fotos, pues era un hombre que no podía sonreír ya que no tenía dientes, los había perdido todos.

A causa de ello, con su fortuna fundó una prestigiosa facultad de Odontología en su país, donde le confeccionaron una dentadura. En las mejores fotos que se le conocen sale con sus prótesis dentales. Sin embargo, el pobre no podía reírse ni comer con esos postizos pues se sentía como un ser extraño. En resumen, con la prótesis se veía bien y se sentía distinguido, pero al mismo tiempo estaba muy incómodo y se veía a sí mismo como una imagen falsa. A mí, estimado doctor, me pasa algo similar.”

Mi intriga hasta ese momento era grande, pues ¿qué esperaría de mí este señor? Y Max continuó su relato sin detenerse.

“En unos días se definirá mi futuro. Vengo trabajando desde hace dos años un caso, que depende de una última confrontación que se realizará en pocos días. De ganarlo, pasaré a retirarme y a vivir dignamente los frutos de una vida de trabajo. De perder, seguiré por tres años o más amarrado a un trabajo que ya, a mi edad, hasta me disgusta, y que, en verdad, no puedo ni quiero seguir.

Debe saber usted doctor mi situación exacta, y es que no tengo posibilidades. Yo no podría retirarme ni derivar el caso, mi participación es crucial y definitiva. Y el tema es sencillo, o gano o pierdo el caso.”

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